De la noche anterior, solo sobrevivían en mis recuerdos una plática difusa y whisky con agua quina, no puedo dejar de ocultar que el alcohol me gusta demasiado, tanto como cuando llego a leer o escuchar algo totalmente envolvente como una guitarra distorsionada o bien una historia que sobrepasa a la realidad misma.
Cuando volteo a ver el celular, (que ha osado a despertarme) veo que marca las 4:00 horas, al instante aparecen en mí miles de recuerdos cuando trabajaba en el cine de proyeccionista y registraba mi salida en ese horario, claro, sobra decir que en ese entonces tenía 20 años y las desveladas no eran pesadas y en cambio eran cotidianas, pero ahora trabajo en un lugar distinto y con otro puesto, de cualquier forma tengo que despertarme y encarar el nuevo día.
Aunque por una parte pienso que para muchos el hecho de despertarse en este horario es algo de lo más normal y cotidiano en sus vidas, recuerdo mucho al papá de una chica que trabajaba en Los Angeles con un horario de entrada a las 6 am, de igual forma se levantaba a diario a las 4 para no llegar tarde, ahora yo tengo que ser el único en la casa que tiene que salir a las 5 de la mañana.
¿Cómo es salir en la madrugada?, me sorprende la calma que reina en la calle, aunque claro solo pocos locos como yo salimos a trabajar a esa hora, hoy caminando me encontré a un par de amigos tomando en la calle totalmente ebrios, pero por un momento me irradiaron mucha tranquilidad, no me causo preocupación alguna el hecho de que sólo estaban ellos en la calle por la que yo transitaba, (al fin no tengo muchas cosas que me puedan robar), y tal pareciera que el viento en esos momentos también se ha ido a dormir, por lo que el frío que hay no causa tantos problemas como para seguir andando libremente sin preocupación alguna más que llegar a la estación del tren.
Cuando me acercó a la estación, los policías que hacen la guardia se me asemejan a sombras desprendidas de gente que sufrió mucho anteriormente, sé que suena a una idea rara, pero así me parece, esto se acentúa más cuando su mirada indiferente revisa que ingrese el boleto al torniquete mientras el tren arriba.
La luz del interior alumbra tan intensamente que parece que el sol habita dentro del vagón, los lugares vacíos invitan, más que a sentarse, prácticamente a improvisar una cama ya que todos al tomar asiento mágicamente retoman sus sueños, creo que es una linda forma de regresar ahí, al lugar donde uno puede sentirse liberado del tiempo, ya que ahora sólo siento que el trayecto dura 2 minutos de los 35 que acostumbra.
En estos lapsos, es cuando me asombra ver la oscuridad de la mañana, ya que está conjugada con las luces de quienes inician el día, personas distintas que siguen atadas a sus sueños y esperan como yo soportar el frío con sus sudaderas, a final de cuentas todos queremos llegar a nuestro destino.
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