domingo, 6 de febrero de 2011 | By: Roque

Estética en el ruido

Checo que al salir no se me olvide nada: llaves, celular, cartera... todo en orden, es así como me enfundo en la sudadera, que más que protegerme del frío, hace que recuerde que soy una persona débil ante el clima y que el frío hace estragos en mi salud.

Con esta nueva investidura lo que hago es caminar y al mismo tiempo escuchar, y al hablar de esto hablo del ruido para algunos, expresión para otros, música para mí.

Recuerdo que cuando tenía 10 años empecé a escuchar música que era considerada en ese entonces como alternativa, y un grupo en especial capturó mi atención: Nirvana, el sonido sucio de la guitarra de Cobain lograba captar mi atención en todo momento, pero lo que más me agradaba era la forma en que lanzaba esos gritos atroces, logrando una gran interpretación y sobre todo retrataba un estado de ánimo muy particular en el cuál yo coincidía: estar triste y enojado al mismo tiempo.

Era tal el impacto que causaba el sonido del grunge en mí, que me interesé de especial sobre manera en tocar la guitarra, mi papá tenía unas guitarras que había tocado en su juventud, por lo que el problema de tener una quedaba resuelto, sin embargo, no tenía ni la menor idea de cómo se tocaba ese instrumento, por lo que solo jugaba a poner las manos en imaginarios acordes que emitían sonidos sin gracia, hasta que un maestro en la secundaria hizo lo que sería una de las mejores ofertas para mí: Dar clases GRATIS de guitarra.

Me tenían ahí, en primera fila esperando la primera clase, y fue una linda sorpresa que a pesar de que no me iban a enseñar los acordes de Smells like teen spirit, al ejecutar el Círculo de Sol pude memorizarlo fácilmente y pude coordinar mi ritmo con mis pisadas, estaba tocando de verdad, era algo totalmente emocionante, para mi poca suerte, el maestro fue asignado a otro estado y las clases gratuitas se habían terminado.

Tenía la firme intención de seguir descubriendo los acordes que sabía que estaban en los cancioneros de mi mamá, los empecé a ejecutar de una forma muy peculiar, ya que no conocía ninguna de las canciones que aparecían, pero para hacer el ejercicio de cambiar de acordes y memorizarlos estaba más que perfecto.

Cuando tuve un maestro de nueva cuenta, quedó totalmente espantado de la forma en cómo tocaba, ya que mi estilo era totalmente sucio

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