domingo, 13 de junio de 2010 | By: Roque

Regreso

La noche acompañaba el regreso lento y tranquilo de Neb hacia la estación de trabajo, su mirada estaba perdida, pero se mantenía firme en un lugar casi indescifrable para el resto de sus compañeros de misión, sus ropas mostraban grandes manchas de sangre que se habían mezclado con el polvo del poblado en el que libró una batalla a la cual, como de costumbre, había sido asignado con un pequeño batallón de mercenarios, que al igual que él, no creían en nada más que la sobrevivencia día con día; la llegada se acercaba ya que habían logrado ver en un anuncio de la autopista que sólo se encontraban a 15 kilómetros de su destino final.

El resto de sus compañeros platicaban o reían, el cansancio había logrado que algunos de ellos durmieran plácidamente, al parecer sin importar si estuvieran en una posición cómoda, parecía que habían dejado atrás las escenas tormentosas que hasta hace unas horas definirían la vida o la muerte, el resultado de la misión había sido satisfactorio, ya que habían logrado cumplir con el setenta por ciento de avance en una zona que anteriormente se había declarado como perdida, ahora en cuestión de dos días la comunidad los había recibido con asombro, ya que a pesar de ser un pequeño batallón, habían logrado lo imposible, aunque al parecer estas hazañas y méritos solo preocupaban a los gobernantes y ahora la empresa que los había contratado.

Neb se encontraba no sólo viendo los kilómetros de asfalto que se tendían como una línea discontinua, enmarcadas con el paisaje verde y montañoso a su alrededor, su mente parecía rebobinar con detalle cada uno de los movimientos e instrucciones otorgadas por él al resto del batallón, los errores y contratiempos, así como los posibles cambios que hubiera podido hacer, repasaba de forma constante la estrategia y logística que en la estación de trabajo había realizado a marchas forzadas, en fin era como recrear una situación perfecta que nunca existió y si había existido solo había sido en la misteriosa mente de él.

El chófer de la unidad que los transportaba hizo una interrupción en la reflexión de Neb, -¿Me puede decir cómo llegamos a la base al entrar a la ciudad?, no conozco esta zona y no quisiera demorarme en devolver la camioneta, ¡usted sabe como son los jefes!- Neb sólo asintió, aunque realmente seguía conectado con esa revisión tan minuciosa, sin embargo el cansancio también se estaba apoderando de él y no quería anotar algún otro contratiempo en su bitácora, por lo que contestó de forma tajante un –ok- mientras habló para sí mismo –estos chóferes deberían de tener registrados en su sistema de localización todos los destinos a los que vamos, será un dato que propondré en la junta de consejo-.

Era tal la concentración de Neb que a pesar de que conocía perfectamente el camino hacia la estación, no podía dar una orden precisa al conductor, por lo que se apoyaba en uno de los sargentos que lo acompañaban, su nombre era Jevi y a pesar de que era mayor que Neb, nunca había obtenido un rango mayor que él, debido a sus pocos estudios, sin embargo contaba en su historial con intensas jornadas en campo, él se había encargado de entrenar a la mayoría de su familia y los había reclutado para los proyectos que se le encargaban, a pesar de que había tenido con anterioridad discusiones con los altos mandatarios, su tenacidad había logrado que pasaran por desapercibidos estos incidentes, a final de cuentas era un soldado leal a la legión, su pequeña estatura había hecho que le apodaran “Ogro verde”, como un complemento al carácter explosivo que lo llegaba a caracterizar.

Jevi fue el guía del conductor, ya que Neb no sólo seguía perdido en su concentración, también se veía notablemente confundido, como si un relámpago hubiera iluminado el camino por el que iba, una luz blanca y cegadora irrumpió en aquellos cálculos y perfecciones, una fuerte interrogante se abría en su mente -¿A partir de qué momento empecé a ser un arma tan compleja?-, esta pregunta retumbo en sus entrañas al percatarse de todo el dolor que esto acompañaba, había hecho a un lado no solo a su familia, también al arte, a todo lo que en su adolescencia le habían enseñado, incluso el amor no figuraba en su tiempo, si bien había salido con alguien y tenía pequeños noviazgos, Neb no vivía enamorado, pareciera que aquellas ideas o sentimientos se hubieran escapado de su memoria y ahora asexuado al fin, era una máquina disponible.

Sin embargo el largo camino llegaba a su término, por lo que Neb no podía atender totalmente a esta cuestión que le había tomado por sorpresa, tal como si con anterioridad su vida hubiera sido marcada más profundamente que los tatuajes que ahora portaba en señal de superioridad, de esa estela que emanaba solo con su presencia, ya que el resto de los integrantes de la unidad del batallón no le temían, pero lo consideraban una persona misteriosa envuelta en un manto de nobleza.

Al descender de la unidad, se percibía un ambiente de ligero júbilo, que se vio opacado cuando Neb dio la orden de descargar todo el equipo que se había utilizado en la misión, los soldados tenían que reunir fuerzas de la nada, ya que por lo forzado del itinerario sólo habían podido realizar una parada para probar un ligero alimento, sin embargo el deseo de llegar a sus hogares inundó su organismo, haciendo que de forma rápida y organizada todo estuviera en el almacén de la estación de trabajo, como era costumbre todos se reunieron al finalizar la actividad encomendada, esperando las instrucciones de su Comandante, Neb no entabló conversación alguna, sólo se limitó a repartir el dinero necesario para que los soldados llegaran a sus hogares (la empresa lo contemplaba en su presupuesto) él se quedó solo como era la costumbre en la oscuridad de la noche, hambriento y adolorido, recordando como cuando niño su padre pasaba hasta tarde por él a la escuela.

1 comentarios:

PeKe dijo...

Me fascina lo q escribes y como lo escribes!! Te envidio demasiado...algun dia sere como tu!!

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