sábado, 16 de enero de 2010 | By: Roque

Cuando yo era taxista

Cuando yo era taxista,
y la noche era mi testigo
miles de historias
llegaban a mí.

Por que desde las 10 de la noche,
la ciudad se transforma
y da paso a quienes
han venido a darle giros a la vida.

Daba el servicio
a chicos que salían
del lugar de diversión
con cocaína en exceso.

Y aquella nieve
les servía de pretexto
para insultar
llenándose de prepotencia.

Mi auto se transformaba
en un gran consultorio,
en un gran escaparate,
en un gran exhibidor.

El servicio era igual,
sin entrar en prejuicios
para todo el público
ejemplo digno de la democracia

Escuchaba historias de abandono,
de abuso, de sexo,
de fraudes y llantos
mientras yo permanecía callado.

Me hice amigo
de todo lo que podía hablar,
no importando si fuera un maniquí
o el mismo amanecer.

Ahí en este taxi,
fui padrino
de numerosas novelas
y de uno que otro niño.

Ahora solo camino,
recordando esas bellas épocas
en que la noche me invitaba
a seguirla conociendo.

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