me da los buenos días,
en esta madrugada
en la que acaricia mis mejillas.
Él me anima
a apretar el paso,
a encontrar a la gente,
a viajar.
De manera especial me reconforta,
ya que él mismo suele ser duro,
como los regaños que viví
cuando era niño.
Pienso que no he conocido
todo lo que podría ser él,
ya que en la mañana
pienso que se va sin despedirse
Cuando mi alma me abandone
pienso que podré tocar mi cuerpo
rígido y sin expresión
con los ojos perdidos.
Espero que ese día,
por fin me diga
con una gran sonrisa
¡Hasta luego1!
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